Hasta hace unas décadas la figura presidencial era sinónimo de respeto, veneración y hasta cierto punto intocable, si bien no hacían un extraordinario trabajo eran expertos entapar el sol con un dedo. Tras la derrota del partido oficial los sueños de tener una mejor nación llegaron con el triunfo del PAN, sin embargo poco a poco se fueron esfumando conforme transcurría los primeros días del sexenio.
En primera instancia con su prototipo empresario- ranchero, quien lejos de ser una guía para la nación y una figura respetable, sus intentos por querer ser del pueblo resultaban prácticamente ridículos, además de que confrontó al país con otras naciones, el desempleo y el PIB no apuntó como lo señalaba en su campaña, no supo controlar a la primera dama, quien sacó jugo con su fundación “Vamos México” y finalmente entregó la estafeta en medio de un zafarrancho legislativo.
Continuando con su sucesor el presidente del empleo ha llevado al barco en medio de una tormenta producida por su lucha ridícula en contra del narcotráfico y todo lo que huela a delincuencia, sus declaraciones a cuatro años de gobierno son prácticamente increíbles, en el sentido que ninguna persona se las cree.
Actualmente la figura presidencial está descalificada en todos los sentidos, los sarcasmos circulan en todos lados, incluso en las redes sociales como el Facebook en las que se publicó la siguiente encuesta:
¿La figura presidencia? No hay, pero no existe desde hace más de 90 años. Primero, los generalotes que todo arreglaban a balazos, después los cachorros de esos generales. Más tarde, los contempóraneos, los del autoritarismo y la guerra sucia. Los neoliberales. El cambio, jajaja, cuál. Y ahora, seguimos igual, quizá peor. ¿Cuál figura presidencial. Tu artículo hace que reflexiones...
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