Sólo se necesita echar un vistazo alrededor para darse cuenta de la situación de desolación que trae consigo la pobreza y la falta de empleo que, aparte de que van de la mano, como dos tumores malignos, cada vez son más comunes en el México que nos tocó vivir. En este gran túnel de la desolación se sumergen muchas historias que parecen desembocar en el mismo común denominador: la falta de dinero.
Si uno realiza un recorrido por el metro de la ciudad de México, en 30 minutos se puede percibir la situación de desesperanza que vive la gente. Donde a las personas no les alcanza para comprar el periódico que cuesta sólo tres pesos, el más económico del mercado, y no les queda de otra que ir leyendo el de su vecino de asiento. Viaje subterráneo en donde, paradójicamente, se reciclan las bolsas de tiendas de prestigio como las de “Zara”, “El Palacio de Hierro” o “Liverpool” para guardar el mandado, los suéteres o los topers de comida, en donde la mirada de los pasajeros es triste y perdida, tratando de encontrar una respuesta en la inmensidad o un peso en el suelo para poder completar el pasaje.
Trayecto urbano en donde los viajeros escupen al piso como si rechazaran su propio destino, que al parecer no ha sido como ellos pensaban: “obrero, quién sueña con ser proletario y trabajar más de 12 horas al día, con un sueldo que no te alcanza pa´ nada”, murmura para sí un pasajero de 40 años que con su aspecto de cansancio, regresa a su casa después de una larga jornada de trabajo.
El Distrito Federal, donde el comercio informal recorre los vagones de este gran transporte, en el cual los vendedores de discos piratas pasan más rápido que las estaciones. En este gran túnel del comercio subterráneo se encuentra de todo desde música, pasando por diversos géneros, hasta libros de ortografía e inglés y por su puesto los DVD de las películas de amor como la del Titanic y del homenaje a la desparecida cantante Selena.
Pero este panorama no es exclusivo de este transporte, sino que se extiende por varias partes de esta gran metrópoli, en los semáforos, en las esquinas, afuera de las tiendas departamentales, en cualquier dirección que se vea hay niños de la calle, que van desde los tres hasta los 25 años, indígenas, discapacitados: lavando parabrisas, vendiendo chicles, haciendo acrobacias o pidiendo caridad, para poder conseguir algo de comida o cualquier otro tipo de alimento que sacie su hambre o por lo menos haga que ésta se les olvide un rato.
Cruda realidad que viven día a día millones de mexicanos, ¿será remediable?, el tiempo lo dirá.

HOLA TINITA...
ResponderEliminarEstá muy padre tu texto, aunque un poco desolador, crudo pero real, no te voy a decir que lloré, jejeje, pero pues a unos toca vivir así, a otros un poquito más arriba, y ha otros más arribotota.
Así es la vida... de caprichosa, jejejeje. E
Saludos
Zamora
Hola Tina. Me agrada tu blog. Muy cierto, que distante estamos de la realidad, nosotros como periodistas o comunicadores estamos para dar a conocer el rostro de un México que lo opuesto a lo que nuestros "gobernantes" nos quieren vender:mentiras y declaraciones burlas. Basta con mirar los rostros de la pobreza, más de la mitad del país sumergido en la extrema necesidad de comer y de vestir, bien por tu artículo
ResponderEliminarTina... qué onda con lo que me escribiste?? que me quisiste decir... ya así nos llevamos? jejejeeje, no te creas... Pues qué hago?, como dicen no puedo negar la cruz de mi parroquia. Además, la verdad, la verdad, no me quiero clavar en temas tan controversiales y polémicos. Siento que lo que estoy haciendo atrae a más gente, jejejeje, curiosos, sí tu quieres, pero no importa, además, es para que lo disfruten mis amig@s. En fin, espero que te haya gustado, sino, pues dímelo con confiansa. JEJEJEJEJE.
ResponderEliminarMuy buen artículo mi estimada Tina, esa es la realidad de nuestro país, como dice Cristina Pacheco "Aquí nos tocó vivir". No obstante es importante comentar el diario acontecer, ver lo cotidiano con otros ojos.
ResponderEliminarFelicidades
Tina: Esto me remite que hasta en este medio hay clases sociales, me recordó que viajando por la 3, pero para CU, hasta los cantantes y vendedores eran de otro estilo. Y cuando viajaba por la uno, era como entrarle a los deportes extremos, por eso de los aventones para subir y bajar.
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